¡Que sabrán los gorriones becquerianos,
los de alas en versos convertidas,
del dolor que producen las heridas
si se tocan los odios con las manos.
El amor y el odio son hermanos.
Son Abel y Caín. Son fraticidas.
Determinan, fatales, nuestras vidas
y son pauta de nobles y villanos.
Abel llora con becquer. Los gorriones
aletean las mil desilusiones
de un amor que se rompe indiferente.
Es Caín, con el odio de sus celos,
quien arrastra su vida por los suelos
soportando el estigma de su frente.
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